El Paco mata.
Es la droga más adictiva y mortal que circula entre los jóvenes. Es de fácil acceso, 30.000 jóvenes la consumen. Se produce con pasta base de cocaína, harina, kerosene y vidrio.
Los nuevos consumidores son chicos de 13 o 14 años que directamente empiezan con paco y son víctimas de su propia vulnerabilidad. No todos los consumidores son marginales, en varios casos provienen de familias de clase media. Hace un año una dosis costaba un peso, pero debido a la desaparición del mercado de las drogas tradicionales (marihuana y cocaína), hoy se vende a cinco. «Uno de los riesgos principales de aquel que consume paco es la hiperexcitación que puede derivar en riesgos de paro cardíaco, mientras que otro peligro es la alta toxicidad porque está mezclada con solventes, talcos, harina y hasta vidrios».
Cuando la Argentina salió de la convertibilidad, muchas situaciones cambiaron. Nuestro país dejó de ser atractivo para los productos fabricados afuera y los insumos importados se volvieron casi una especie en extinción. El mercado de las drogas se acomodó ágilmente al nuevo escenario y hubo sustancias que prácticamente desaparecieron de los clásicos circuitos de consumo. La cocaína, que evidenció una explosión de ventas durante la década del noventa en todos los sectores sociales, se retrajo exponencialmente en las plazas de bajo poder adquisitivo y se ubicó sólo allí donde todavía hay capacidad de compra. Esto, que a priori podría parecer una buena noticia, trajo como consecuencia una reconversión del mercado, que suplantó con el popularmente llamado Paco, ese consumo instalado en los barrios pobres que ya no accederían a la opulencia de la cocaína. Hoy ya dejó de ser la droga de los pobres, para instalarse entre los jóvenes de clase media.
Base y vidrio
Los jóvenes también lo llaman «base» suponiendo que es pasta base de cocaína (PBC) y creyendo de esa forma que es «más sano». El «paco», está conformado por la pasta base de la cocaína y elementos como kerosene, harina, talco y hasta los vidrios de los tubos fluorescentes. Es el nombre vulgar por el que todos reconocen a la pasta base de cocaína, y tiene aspecto amarillento o amarronado, dependiendo los precursores químicos que se utilicen.
“La base es un cuadradito, de color amarillo y tiene olor a plástico quemado cuando se fuma, en diez segundos volás. El efecto dura minutos y te pone vicioso”, cuenta un adicto.
«Quien consume paco en poco tiempo sufre un severo deterioro cerebral, porque la droga lima la corteza cerebral y produce la inhabilitación permanente de los centros nerviosos, además el consumidor, pierde reflejos, motricidad, inteligencia y memoria.», informa la Subsecretaría de Atención de las Adicciones de la provincia de Buenos Aires.
“Llegan con buena ropa, pero después terminan zarrapastrosos. Venden todo lo que pueden. A nosotros nos han sacado la ropa húmeda que cuelga de la soga del patio. Todo lo hacen por las dosis de paco. Como dicen ellos:’ Todo a la balanza’”, agrega una vecina.
Cocina casera
Las «cocinas» de pasta base se han multiplicado no sólo en las provincias del noreste y noroeste del país, sino también en las zonas urbanas de mayor concentración poblacional como la Capital Federal, el conurbano bonaerense, Rosario y Córdoba. Para amplios sectores de la población que han quedado marginados del sistema, el tráfico de drogas corresponde a una simple forma de supervivencia. A pesar de que la cocaína perdió rentabilidad en nuestro país y se volcó nuevamente a la exportación hacia el mercado europeo y norteamericano, Argentina no volvió a ser el «país de tránsito» que fue. El mercado cautivo, que se generó durante diez años de convertibilidad, hizo que ahora estemos en presencia de una verdadera socialización de la distribución de la PBC en los barrios, en la que están implicadas miles de personas.
En la provincia de Buenos Aires, se rastrean efectos dispares. Una buena noticia: el volumen total de consumo de drogas se redujo ostensiblemente en comparación con las cifras de la época del «uno a uno». Hay una mala: el poder devastador de la PBC, diez a veinte veces más implacable que la cocaína, está haciendo estragos en los consumidores. La ecuación sería la siguiente: hay menos adictos pero sufren un daño mayor.
Fuente: www.eldiariolomense.com.ar
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